Eres un inicio mal planteado.
El sueño incondicional de los muertos, el aire ardiente de los días veraneados, el sol fronterizo de los cerros enclaustrados. Y por sobre todas las cosas, eres la sangre derramada, de los amores contrariados.
Tu continuo gesto frustrado de odio, y esas manos medio inertes, flotando quizá en un universo paralelo a los cánones de moralidad social. Mueves tus labios, usualmente desconectados al resto de tu humanidad, hablas, con esa claridad inusual. Y pongo mi alma en tu lomo, para que cargues con ella.
No para mi comodidad, solo te doy, absolutamente todo lo que pueda proveer para tu tranquilidad emocional.
Me embeleso, con tus historias inventadas varios siglos atrás.
Con gestos grandilocuentes me emocionas, hasta llegar al éxtasis. Y lo entiendo, la debilidad característica de mi genética, me hace una fácil presa para cazar.
Y aunque la belleza brutal que te aqueja, junto con esos ojos de lince, y tus pies deformes en los bordes, te sitúan en un plano casi celestial, me haz elegido a mí, con mis pocas pulgas, con mi boca pronta, con mis miedos y manías.
Con mi cuello mediano, y mis venas palpitantes.
Claro, que estoy a un paso de tomarte por los hombros, zarandearte y gritarle al cosmos, que enloquezco sin tu tacto. El roce cálido, de la gente de tu clase.
Con tu férreo color de la madera, que cubre tu cuerpo sin interrupciones, los vellos que decoran tu clásica anatomía. Lo oscuro en tu pelvis. Lo oscuro en tu alma.
Y lo oscuro de la mía.
Le pones nombre a cosas que no deberían tenerlo. Y solo tú, conviertes con tanta facilidad un gemido de placer en un grito de horror. Cuan dotado de virtudes te ha dejado Dios. Tu Dios, al que le rezas cada noche antes de perecer sobre el esternón de Morfeo, tu Dios al que le rindes honor ofreciéndole mi sangre en recipientes incoloros, hablándole en voz bajita mientras yo me desangro en un rincón. No me quejó, solo dejo por escrito una constatación.
¿Te das cuenta cuanto nos gustan los días nublados?
O el sufrimiento ajeno.
Puedes voltearte si quieres, ignorarme o perderte.
Pero nunca olvidarme. Por que el recuerdo es de dos, y mientras yo te venere jamás lograras postergarme en ese cajón donde guardas lo inservible.
Olerás eternamente a mí. Como las almendras agrias.
Como el sufrimiento bebido.
Como el olvido, para los incapaces de olvidar.



1 comentarios:
Lo que mal empieza, mal acaba, quizás nunca olvide, pero puede ignorarte, que suele ser más duro que el olvido.
Un beso.
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