A veces desearía no estar.
Esfumar cada partícula vital y convertirme en un recuerdo vago, en un adiós quizá. Desearía fervorosamente que las células se tornaran invisibles, quedarme sin identidad.
Anhelo la tranquilidad de no existir.
La quietud que produce la nada.
Hay una edad en la que todo es posible, tangible, solo cuestión de estirar la mano y alcanzarlo, uno se vuelve omnipotente, majestuoso. Y entonces te cae la vida sobre los hombros y entiendes, que no, no solo necesitas amor. Que la cerveza no cura todos los males, y el cigarro no te baja cualquier presión.
Es el momento justo en el que descubres que vas a morir.
Que el mundo es una mierda.
Y que vas a morir.
Quisiera nombrar de alguna manera ese instante, en el que tus sueños dejan de ser prioridad y solo buscas la manera de subsistir. La decadencia, el dolor.
Donde la moral es una opción, un mito.
Y se pasan las horas vaciando botellas, una tras otra,
y a la que le sigue otra.
Tengo un riñón, y si lo tengo es para usarlo.
Me gustaría dejar de ser la mujer frustrada que siempre he sido.
Dejarme llevar por el mal hasta el lugar en el que jamás podría regresar, dominar los sentidos, atentar contra tus principios. Desechar las habladurías, el canto seco de pájaros necios.
No necesito una esperanza ni un camino.
No necesito fe,
solo curiosidad.
Pero hace tiempo que el universo y su derredor me ha dejado de interesar.
Cuando caes en cuenta que no, no hay límite.
Eres infinito, impertérrito, no hay un final.
Y en efecto, no, no solo necesitas amor.
Yo no quiero ser lo que se han cansado de decir, yo no ocupo tu opinión.
Claro que no, no solo necesitas amor.
El amor no existe cuando hay hambre, por nombrar un ejemplo.
Y mis manos dan volteretas sin que yo pueda detenerlas.
Quiero un campo, o volar.
Dejar de ser, convertirme en un fin.
Porque no, no solo necesitas amor.
viernes 13 de agosto de 2010
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1 comentarios:
Los problemas existencialistas, nos persiguen de por vida, nacemos con la muerte a las espaldas y hacia ella caminamos, sin retorno, es la meta de la vida.
Un beso.
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