jueves 15 de abril de 2010


Volví a pasar, una y otra y otra vez, hasta hacerme notar. Pude vislumbrar que los Jiménez ya habían aprendido a volar, los Martínez ahora criaban en el patio un pulpo de mil brazos y los Díaz profesaban una religión muy extraña, que los obligaba a estar de rodillas a la intemperie durante horas.
El cielo lo oscurecí con la mirada, acto reflejo saque del bolsillo una almohada, con la luna y tu esperanza tatuada. Tenías en mi caminos vendados, el aire gris desbloqueó tus cruces y me permitieron confiar en la mentira y en la paz, que a efectos prácticos, son casi la misma cosa.

Abriste tu pecho y sacaste un sol, tanta luz me cegó momentáneamente, no pude ni hablar, secaste mis dolores y los tendiste boca abajo, tu calor inhibió mis decepciones.
Estreche entre mis brazos el néctar de vida, y con mis piernas afiance tu espalda hasta estar segura de no dejarte caminar, al menos no a donde no te pudiera alcanzar.

Eres por las noches de primavera un cometa que vuela alto y visita su pasado, yo soy un ser humano de ojos perdidos que repudia el dolor que causa lo olvidado.
Conozco mis errores, pero no los corrijo.
¡Que dilema!

Tantos problemas ves aquí por existir. Induceme alegría, inyectala en mis venas y dame algarabía, hazme víctima de una epifanía. Una noche de fiesta, o un poco de alcohol, tú mirada despierta, o tu cuerpo bañado en sudor. Haz lo que sea.

Menos irte.

2 comentarios:

Lim dijo...

Aferrate bien a su espalda y cabalgar juntos en el corcel dela vida, descubriendo los caminos de lunas y estrellas, más allá del horizonte.
Un beso.

Rotter dijo...

No mames, que buen post.
snif, snif