Nada, hay tanta nada.
Me lleve un susto de muerte, al percatarme que aquéllos recuerdos que teníamos en común, te habían desaparecido. Dejando solo en tu lugar un espacio frío, infinito. Es tan abrumador, voltear y no ver, tocar y no sentir. La gente de pronto comenzó a olvidarte, tu ausencia perpetua les borró el cariño. Siguieron caminando, ellos continuaron todas las mañanas despertando.
Y gritaste, claro que llamaste.
Pero ningún oído se encontraba dispuesto a poner atención. Y bien sabemos que el dolor no es largarnos, sino, ser desterrados del pensamiento ajeno. El vacio sustituyo tu cuerpo, tu porte que algún día tuviera la presencia de aristócrata. Tú esencia de nobleza, tu ceño fruncido por los rayos del astro rey.
Las manos surcadas en venas, a pesar de tu juventud. El aire, milenario que tenías en los ojos. Esa voz profunda, que parecía salirte del alma y no de la garganta. Ya no había nada.
La oscuridad se había cernido sobre de ti. Y es de este modo tan injusto, nadie comprende tu situación. Ser, ser y luego perecer. Tener, y después perder. Estar, sin voz, sin cuerpo, ni voluntad. Repetir palabras necias, de gente con la cabeza hueca.
Ay mi buen, te llevas tan bien con el atardecer. Tu figura la difumina un paisaje lleno de esperanza y resplandor, Dios te regala tan bello espectáculo, como burla a tu situación. Nadie dijo que Jesús por santo no iba a ser un cabrón. Y así te demuestra una vez más, que solo y hundido le van perfecto a tu descripción.
La nada viene como un humo espeso, que se te arremolina bajo la ropa, e intenta penetrar tu poca resistencia. La nada sabe, que estas a poco de abrir los brazos y caer hacia la invisibilidad. Hasta yo lo huelo, con las restricciones propias de mi especie. Y tu aura gitana, te mece, entre recuerdos tan viejos de gente. Gente ahogada en mares de desolación, y cuerpos conservados en la sal. Rostros sin expresión.
Y gritaste, claro que llamaste.
Créeme cuando te aseguró, que daría mi lugar por ti. Yo misma blandiría mi espada contra esa putísima nada. Pero ve, mis arterias explotaron de tanto soñar, y mis ojos sumidos de llorar no tienen objetivo en particular. Perdona, pero mis contornos comienzan a fallar. Mis ideas, que algún día fueran tan claras e ingenuas, ahora tienen carga de vieja.
Pero tú, continúa gritando, claro, sigue llamado.
De algo debe servir.


6 comentarios:
Bravo, te mereces un 10. Cada vez que escribes eres más esa persona que todos vemos en ti, felicidades.
Ojala de algo sirviera
Jaja!, bueno.
Saludos.
hay que seguir gritando
asi podremos decir..al menos lo intente.
tal vez ese grito sea el unico acto soverano del que seamos duenos
perdon soberano,miami me esta haciendo dano
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